Friday, March 24, 2006

No te nombraré, Amado....
No te nombraré, Amado, hasta que tú mismo abras mi puerta y me estampes tu nombre en la boca. No caminaré buscando tu rostro, puesto que aún voy a tientas por la vida y ni siquiera he logrado distinguir los colores del mío (los espejos no sirven para eso; reflejan armaduras, no almas).

Probablemente nunca deje de ir dando tumbos, pero cuando la alegría de tus brazos rodee mi cintura, me dejaré llevar por ella como la arena por un brazo de mar.

Estoy aquí, guardando desde ya el precioso secreto. Cuando quieras, si es que quieres, ven, que tengo mil historias que contarte, mil historias que escucharte y setenta veces siete tinajas de besos que se bordan, que se hornean, que se doran, se fríen, se lavan y se tejen, que recorrerán con dulzura tus secretos, llevando en la sangre un ansia que no imaginas y que, cuando las estrellas canten, sabrán escuchar.

(Bibi Bécker, "Mi Bitácora de Viaje", lunes doce de agosto de 1996)

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